¿Por qué esperamos? ¿Por qué nos pasamos media vida preguntándonos el por qué de las cosas, señalándonos en nuestros errores y mirando con nostalgia el pasado? ¿Es que acaso el presente, necesita vivir con un retrovisor para poder sentirse más auténtico?
No sé si soy yo pero, desde hace ya algún tiempo mi pasado pasa por mi presente casi todos los días, recordándome latentemente, que aún sigue ahí. Al menos esa es la lectura que se le suele dar cuando el libro se quedó aún por ser leído. Cuando crees que te suena demasiado cualquier principio y deja de sorprenderte el final de cada capítulo.
Lo tremendamente irónico es, que nos cansamos de continuar leyéndolo y lo dejamos ahí arrinconado, esperando a que alguien nos expliqué cómo acaba la historia. A que alguien, nos ponga fin a ese sinfín de moralejas aprendidas a marcha forzada de cada capítulo.
Lo mejor de todo es que nadie nos obligó a leernos ningún capítulo; sólo creen que deberías de tener una mínima bibliografía para ir construyendo tu persona. Y la verdad, no sé cuántos lomos más deberé coger sobre mis manos, pero espero que los próximos no sean tan pesados.
Hasta día de hoy, sólo puedo haber asegurado dos lecturas que haya superado en tiempo récord. La recuperación de mi sitio en momentos árduos y la capacidad de distinguir mis victorias de mis derrotas.
Aún así, no me lanzo un capote al tratar sobre mi pasado y los fantasmas de éste. Cuántos de ellos rondan todavía por mi presente, dejándome una tristeza y nostalgia habiendo días que logran transformar momentos de bendita soledad en ratos en los que acabas la reflexión preguntándote, cómo llegaste ahí si las cosas no iban del todo mal.
Y ojo, no digo que las cosas me vayan mal, ¡ni mucho menos! podría tener circunstancias peores; pero ya sabemos que "siempre queremos algo mejor a lo que tenemos".
Verdaderamente no sé qué es lo que nos produce esa nostalgia tan arrogante a veces. Quizá el problema estuvo en no saber apreciar en un momento dado lo que nos estaba pasando, por quererlo vivir todo tan apurado o quizá es que el ser humano es un animal hecho tan a costumbres que, cuando se las quitan, tener que volver a aprender otro modus vivendi, se le hace cuesta arriba. No sé, probablemente yo sufra una especie de mezcla entre las dos. Porque ahora que me levanto tras un año de tormenta en mar profunda, empiezo a ver tantas cosas que a veces acabo en el colapso del que después acontece mi miedo disfrazado de indiferencia con las cosas.
No hace mucho leí el libro de: "El caballero con la armadura oxidada" de Robert Fisher. Quizá yo me haya vuelto a día de hoy algo así. Algo como la creación de una imagen preconcebida de mí misma totalmente equívoca, acabar de creérmela y dar tumbos por las calles en las que logré perderme, mientras intentaba buscar un sitio que me hiciera sentir igual de cómoda como mis recuerdos se encargaron de hacerme recordar.
Al fin y al cabo, todos nos volvemos algo "caballeros" cuando nos hicieron daño. Todos aprendimos una lección, teniendo que olvidar otra. Todos dejamos de confiar porque confiábamos demasiado, todos dejamos de creer cuando creímos demasiado, todos dejamos de soñar cuando soñamos demasiado.
Lo que yo verdaderamente me pregunto es que, si todos acabamos aconteciendo caballeros con armaduras y preparados para luchar siempre, porque acabamos creyendo que la vida es una lucha, habrá alguien que nos cure las heridas y nos rescate de tanto peso. Alguien que nos haga aprender otra vez la lección que sin querer tuvimos que olvidar. Alguien que cuando no tengas más ganas de leer, te escriba otro capítulo en el que devores las líneas por saber cómo acaba el final.

No hay comentarios:
Publicar un comentario